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El Coro en confinamiento

Estos días, semanas, meses, hemos estado recogidos en nuestras casas, se han paralizado todas las actividades lúdicas, entre ellas nuestro Coro. Hemos dejado de reunirnos dos veces por semana para ensayar, pero nos hemos atrevido a preparar dos nuevas canciones para estrenarlas en grupo, esta vez de forma virtual. Era una experiencia absolutamente nueva para nosotros y no hubiera sido posible sin la figura del técnico de montaje, que afortunadamente fue quien tuvo la iniciativa desde Badajoz, su ciudad, a la que volvió cuando consiguió su traslado laboral desde Cáceres, donde nos acompañaba como coralista.

Esa ha sido la primera diferencia: la necesidad de alguien que ensamblara nuestras voces en la distancia, ya no podríamos cantar en el mismo espacio ni al mismo tiempo, todo iba a empezar a ser virtual.

La mayoría de los componentes de In Pulso no saben leer música, por lo cual siempre se envían las distintas melodías grabadas por la directora para que las vayan aprendiendo. Esto se ha hecho igual ahora. Cada uno ha tenido que aprender su voz ayudado de las partituras y grabaciones. En condiciones normales en el ensayo las repasaríamos por separado para juntar luego de dos en dos hasta conseguir por fragmentos ir ensamblando las cuatro voces, lo cual nos llevaría unos días en los que iríamos disfrutando juntos de los progresos, del sonido resultante, a la vez que insistiríamos en resolver alguna dificultad.

Al ser virtual, una vez aprendida nuestra parte, tenemos que enviar una grabación lo más perfecta que podamos y esperar a que se monte. Se nos da una base con el tempo establecido, como un metrónomo, y tenemos que respetarla a rajatabla. Ahí acaba nuestro arte.

¿Qué nos falta? Sin establecer orden de importancia, cito diversas necesidades del coralista:

  1. El apoyo de la cuerda, el refuerzo del compañero, el que si yo fallo los otros están ahí, si yo tengo que coger aire no quedará un vacío, los demás continúan. Esto se nota mucho en el fraseo, que el cantante debe cuidar, aunque esté solo, pero que se trabaja mucho mejor juntos.
  2. El resultado armónico, lo agradable de escuchar ese maravilloso efecto que produce la unión de las distintas voces.
  3. El tono de inicio, el acorde de entrada que da el director y ahora tengo que memorizar antes de ponerme a grabar.
  4. Ese tempo más humano y más musical que va marcando el director con su gesto y que se adaptará al texto o a la expresividad de la canción, esos ritardando, accelerando, rubato, a tempo… que son los que marcan la diferencia con la tiranía de un metrónomo.
  5. Esos cambios de dinámica y de carácter que, con sus gestos e indicaciones, va pidiendo el director y que expresan sutileza, fuerza, ternura, ánimo…mil cosas que son las que hacen que la versión de un Coro o de otro sea tan diferente.
  6. Por supuesto, el trabajo vocal previo a todo ensayo, preparar la voz, ese calentamiento que nos ayuda a dar más y con más facilidad. Puede hacerlo cada uno en su casa, pero con el director estaremos en mejores manos, sin riesgos.
  7. El factor social, el trato humano, la compañía, la labor hecha en grupo, la empatía, ese empaste coral en el sentido más amplio de la palabra. Ese estar juntos, respirar juntos, el aliento común, el trabajo en equipo, conseguir entre todos un mismo objetivo y al mismo tiempo.

Pero la realidad es ésta, no podemos ensayar. Y al menos de manera virtual conseguimos:

  1. Ampliar repertorio. Dos canciones nuevas completas, en nuestro caso, de momento.
  2. Llevar a término un proceso con un resultado que nos sorprende porque, salvo los que leen música, ninguno imagina cómo puede sonar hasta que lo escucha montado.
  3. Seguir en contacto con los compañeros y con nuestro público, sobre todo familiares y amigos, a través de las redes sociales.
  4. Mantener activos e ilusionados a los componentes, cubriendo una necesidad intelectual, estética y emocional.
  5. Practicar para superar el miedo escénico, demostrándonos uno por uno que podemos salvar en solitario nuestra melodía, nuestro papel, a pesar de las dificultades.

  6. Sentir la satisfacción del trabajo bien hecho, con la ayuda y el apoyo incansable de nuestro técnico.

Yo me planteo: ¿con esto se hace música? Como yo entiendo la música, no. Creo que la expresividad queda relegada al último lugar y que el resultado que yo quiero conseguir dirigiendo mi Coro, que es mi instrumento, no se parecerá a lo que hacemos virtualmente.

 Y, ¿Cómo no? ¡También me falta mi público! No hay nada comparable a los conciertos en directo en los que se crea algo nuevo y diferente en cada ocasión, nada comparable al riesgo, a la emoción de estar cantando para unas personas que están allí para escucharte. ¡Gracias, público querido!

Quiero agradecer a todos y cada uno de los miembros de la Coral In Pulso este esfuerzo enorme y esta sensación de que seguimos juntos. También a todos los amigos que se han unido a nosotros en nuestra canción “A tu lado”. Y un cómplice guiño a los dos coralistas que me han dado su opinión en este tema sobre el que he escrito.

Estoy deseando que nos encontremos de verdad y que podamos estrenar en directo estas dos canciones tan hermosas y significativas para nosotros. Mientras tanto, lo tan repetido en estos tiempos: miles de abrazos virtuales a todos.

Mariluz Orozco Vellé

Directora de la Coral “In Pulso”

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